miércoles, 4 de junio de 2014

Las Ventas y su Torre de Babel (promoción 2x1)


Estos últimos días de San Isidro, los alrededores de Las Ventas rezuman un encanto especial. Al abrigo de las corridas de Cuadri, Adolfo Martín, Victorino y Miura, los peregrinos del toro acuden a besar al santo a la catedral del toreo. Con un poco de atención, en los bares de las estribaciones, se distinguen acentos heterogéneos procedentes de Bilbao, Zaragoza, Valencia, Castellón, Salamanca, Valladolid, Logroño, Mérida y, por supuesto, Francia. Para ser ecuánimes, los dejes norteños superan, por mucho, a los sureños, algo más ateos. Las tertulias y corrillos previos al festejo arrojan una ilusión casi infantil. Alguien recuerda tal faena grandiosa en su ciudad, otro a cual torero, y un tercero se relame sólo de imaginarlo. Sin embargo, tras presenciar las corridas de Cuadri y Adolfo, si en esto consiste la famosa "semana torista" en Madrid, que venga Dios y lo vea. En ambas tardes ha faltado el misterio de la fe, es decir, la casta. El geniudo y emocionante "Macetero" de Cuadri y el templado "Revoltoso" de Adolfo, lidiados en sexto lugar, no fueron lo bastante buenos como para maquillar la decepción.
 
Peregrinos llegando a Ventas con la fe aún intacta
 
Para que la fe mueva montañas, los toros deben arrear en el caballo y, de momento, ninguno lo ha hecho. En concreto, este martes, vimos unos tercios de varas calamitosos, con algunos lanzazos traseros criminales; mientras que el espectáculo protagonizado por el picador de Venegas el lunes, merece un comentario aparte. No se puede admitir que, por ahorrarse un sueldo o devolver un favor, un matador que confirma la alternativa, traiga a Madrid semejante fardo montado a caballo. Es una estafa para el aficionado y una irresponsabilidad por parte del torero, que puede pagar un precio mucho más caro que un jornal.
 
Fotos de Juan Pelegrín
 
Tampoco el capote de seda de Marco Galán, los puros muletazos de Urdiales ni la Puerta Grande de Perera disimulan el desastre. A propósito del extremeño, mucho poderío con la mano baja, templando, ligando y peinando el albero durante su faena al último Adolfo, al que mató de una estocada fulminante, aunque un poco trasera. Y como en Las Ventas, últimamente, las orejas se dan de dos en dos ("llévese dos por el precio de una, oiga"), yo también escribo estos apuntes isidriles con la técnica del 2x1: Cuadris y Adolfos en tres párrafos, que la cosa no ha dado pa´más. No obstante, como la afición es santa, esta particular Torre de Babel que se agolpa en los aledaños de Las Ventas volverá el viernes, a la espera de que Victorino conmueva su peregrinaje.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario